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Puig + Penhaligon's

La histórica firma británica de perfumes

21.02.17

De la mano de Puig ha aterrizado en Barcelona Penhaligon’s, firma de perfumería fundada en 1870 en Londres por William Penhaligon, un barbero de Cornwall que le cortó la barba al Sha de Persia. Se presenta con su colección Portraits.

Portraits son seis personajes de ficción y sus respectivas interioridades para otras tantas fragancias. Veamos qué nos cuentan y cuáles son sus secretos.

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    The Tragedy of Lord George. Con su aspecto aparentemente tradicional, Lord George es el recordatorio perfecto de que debemos estar al tanto de las apariencias. Él mismo mantiene que nadie debería poder adivinar el pensamiento de un hombre. Algo, por supuesto, esencial para disfrutar de un matrimonio feliz. Honorable hasta el extremo, su lealtad al rey y al país es imperturbable. Su afición por murmurar «la carne es débil» ante el plato de arenques ahumados del desayuno no tiene explicación alguna.

    Su perfume es masculino y elegante, con notas de helecho ambarino y amaderado, brandy, jabón de afeitar y haba tonka. Potente, intenso y muy cálido: «vamos, entra, estoy seguro de que nos conocemos de antes». Para personas pudientes que son capaces, estables, tranquilizadoras, pero también muy divertidas. Un hombro firme sobre el que llorar (¿ha sido una mano protectora lo que he sentido sobre mi _ ?) Un perfume para un hombre de reputación inmortal. De carácter no demasiado latino pero, aun así, rebosante de amor.

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    The Revenge of Lady Blanche. Lady Blanche es la viva imagen de la dedicación, el encanto y las intenciones criminales. Una mariposa social con una picadura peligrosa, podríamos decir. Shakespeare ya trató de avisarnos «no hay mayor peligro que el de una mujer despechada». Y así es, las mujeres lo saben, pero Lady Blanche desea, ¡vaya si lo desea!, no saber. El verdadero crimen reside en la poca elegancia de no haber mantenido todo eso donde correspondía: en la oscuridad, con las luces apagadas. (Uno puede llevarle la contraria bajo su propia responsabilidad).

    Un aroma refinado y delicado, pero sin caer en lo anodino. Un perfume con una educación impecable, que solo anuncia su discreción, pero que te invita a sentarte y tomar nota. Ingredientes nobles, un tour de force, un buen gusto exquisito. Sagacidad. Perspicacia. Y justo cuando, embargado por la alegría de vivir, te abandonas a disfrutar del dulce momento del té vespertino, te recuerda que existe cierta sutileza que solo las personas de carácter dominan. Sutilmente estimulante. Eternamente presente. Floral, verde y tranquilizante. Raíz de lirio en polvo, flor de narciso y jacinto.

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    The Coveted Duchess Rose. Una rosa fresca y dulce lista para recoger. Desde su reciente matrimonio (que dista de ser un camino de rosas), nuestra recatada duquesa siente un acuciante deseo de desear. Su pecho ansía deshacerse de los corsés de la vida victoriana, mientras sueña, una y otra vez, con “el paraíso recobrado”. Y es que cuando el marido de una se pasa las noches en el teatro, el aburrimiento hace estragos...

    Tan puro como la primera lluvia. ¡Puro gozo celestial! Tan fresco y burbujeante como un vino rosado frío. La rosa más dulce, cuya lozana inocencia y figura no tienen parangón. Pero... ¡caramba, qué sorpresa! Esas notas amaderadas y corpóreas parecen revelar de una forma indiscreta algo más. Algo que las mujeres francesas podrían llevar. De noche. En la oscuridad. Mandarina, rosa y madera almizclada para cuando la delicadeza adopta un encanto epicúreo.

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    Much Ado About The Duke. No sabríamos decir si fueron las noches que pasó en el teatro las que confirieron al duque ese aire de cautivador y de cautivado. No obstante, un leve perfume a intriga lo envuelve. Exquisitamente omnipresente, un dandy decadente, un tipo totalmente encantador, con una ambivalencia contagiosa, un yerno ambiguo a conciencia; capaz de hacer palpitar los corazones allá donde va, aunque quizá no aquellos que cabría esperar. Su mujer está de acuerdo en que el teatro no es lugar para una duquesa. Ella en ocasiones desearía no serlo...

    Una rosa es una rosa. Excepto cuando tus suposiciones quedan al descubierto. Porque las expectativas están hechas para decepcionar. Cuando el calor es frío y el día es noche. Cuando las flores solo huelen a fuerza y vigor. Y las pieles a suavidad y delicadeza. Y aunque llamativa, decadente y chic hasta la exasperación, deberíamos recordar que la transgresión (como ocurre con el progreso y la modernidad) es tan antigua como las colinas, tan clásica como la antigüedad griega y tan universal como el hombre. Rosa especiada, ginebra y maderas curtidas.

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    Clandestine Clara. Suave es la noche y, en ocasiones, también la tarde, para Lord George y Clara, su amada, su amante, su deleite, su bichito. Cuando Clara, clandestina por razones obvias, no está «susurrando», la podemos encontrar al volante de un coche, fumando, debatiendo o con sus compañeros, todos ellos pasatiempos muy poco apropiados para una mujer. ¡Gracias al cielo que no es una dama! ¡Nada de timidez!

    Un perfume seguro de sí mismo -abstenerse principiantes- que progresa hasta convertirse en el abrazo más suave, celestial y duradero. Una hoguera de arrumacos, una sinfonía de piel, el consuelo de una pierna cálida y atrevida en mitad de la noche. Voluptuoso sin ser autoritario, femenino sin ser infantil, liberado pero no falto de disciplina. Un perfume tan enriquecedor como una sonrisa sexy, extrovertida, agradable, comestible; todo en uno. ¿Qué más se puede pedir? Una composición de una orientalidad sensual. Ron y vainilla, canela y almizcle, ámbar y pachulí.

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    Roaring Radcliff. Gloriosa y decadentemente malicioso; algunos dirían que por derecho, pero estarían en un error. Todo ello sin el peso de un título. ¡Madre mía, qué divertido! El hijo secreto de Lord George (algunos utilizarían cruelmente el calificativo de ilegítimo) disfruta de: diversión sin responsabilidad. Libertad sin emblema. Dinero sin obligaciones. Coches a velocidades vertiginosas y mujeres aún más vertiginosas. Lo tiene todo. Hasta que llegue el día que no tenga nada. Hasta entonces, ¿quién se apunta a una partida de póquer?

    La exquisita decadencia. Y es que la extroversión no tiene por qué estar exenta de fascinación. Las madrugadas tienen un perfume propio. Cuando la libertad sabe a provocación y la fiesta vibra, un aroma cálido y suave -con destellos a tabaco meloso- convierte el aire en una sugerente brisa. Un perfume que atrae al placer y que va por libre. Vivir el momento requiere cierta dosis de empeño -e indudablemente la dedicación es una ventaja- para todos nosotros, alumnos más o menos aplicados de esta maravillosa escuela llamada vida. Ron, tabaco ambarino y pan de jengibre.

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